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Cómo hacer helados para perros naturales para refrescar a tus mascotas

Cómo hacer helados para perros naturales para refrescar a tus mascotas

A finales de mayo, el calor de Sevilla ha empezado a apretar de esa forma que solo nosotros conocemos. No es solo que el sol pegue, es que el aire se queda quieto en el pasillo y veo a Higo y Almendra pegados al suelo de mármol, buscando un alivio que el ventilador ya no les da. Pobres barbudos, con tanto pelo y ese sol de justicia entrando por la terraza.

El otro día, tras el paseo de mediodía, me pasé por la tienda especializada del barrio y vi el precio de los helados específicos para perros. Qué va, entre el presupuesto de marketing de la editorial y lo que me gasto en champús, decidí que mi cocina daba para más. Así que me puse a investigar cómo refrescarlos sin que me costara un ojo de la cara ni les sentara mal al estómago.

La regla de oro de los premios veraniegos

Lo primero que tuve claro es que esto no es comida, es un extra. Una directriz veterinaria estándar que leí hace tiempo dice que los snacks no deben superar el diez por ciento de la ingesta calórica diaria del perro. Con Higo y Almendra soy súper estricta porque, aunque son pequeños, tienen un saque increíble y no quiero que terminen pareciendo dos croquetas con patas antes de que llegue julio.

Ingredientes naturales como sandía y yogur para preparar helados caseros para perros.

Me puse a mirar qué tenía por la nevera una tarde asfixiante de junio. Sandía, yogur natural sin lactosa y un poco de kéfir que me sobró del desayuno. Lo bueno de los petlados caseros es que controlas tú lo que llevan. Nada de xilitol, que es ese edulcorante que llevan muchos productos humanos y que es veneno puro para ellos. Y por supuesto, cero chocolate; la teobromina es tóxica incluso en cantidades mínimas, así que el contador de chocolate en mis recetas siempre es cero.

El experimento del primer sábado

Saco los moldes de silicona y preparo una mezcla rápida. Sandía bien picada, asegurándome de quitar cada pepita y nada de corteza, que eso les sienta fatal. Lo mezclo con el yogur y trato de no ensuciar demasiado mientras los dos me vigilan con una intensidad que asusta. Parece que saben que algo se está cocinando, aunque sea en frío.

Aquí vino mi primer desastre de la temporada. La primera tanda quedó tan líquida que al intentar dársela a Higo, el helado resbaló por el suelo como un disco de hockey sobre el mármol. Higo lo perseguía por todo el salón mientras el helado se iba derritiendo y dejando un rastro rosa pegajoso. Un cuadro, de verdad. Tuve que fregar dos veces y él se quedó con cara de no entender por qué su premio se escapaba.

Un helado para perro derretido en el suelo de mármol con un schnauzer curioseando.

Aprendí que la consistencia es clave. Si el agua llega a su punto de congelación a los 0°C, lo que queremos no es un bloque de hielo puro, sino algo más cremoso. Por eso el yogur o el kéfir son mejores que el agua sola. Además, hay un detalle que no había pensado y que me dio que hablar con un conocido que sabe de esto: los helados demasiado duros pueden ser un peligro.

Cuidado con los dientes y la sensibilidad

Esta es mi teoría después de ver a Almendra morder con fuerza. Evito los helados congelados sólidos como piedras porque pueden fracturar los dientes de perros con mandíbulas fuertes. O peor, causarles una sensibilidad dental severa de golpe. No queremos que el alivio del calor termine en una visita de urgencia al dentista canino porque se han partido un colmillo con un bloque de hielo.

Para evitarlo, lo que hago es sacar el helado un par de minutos antes de dárselo o usar moldes que no sean muy profundos. Así lo pueden lamer en vez de intentar masticarlo como si fuera un hueso de cuero. Es mucho más seguro y les dura más tiempo entretenidos, que al final es de lo que se trata.

Recetas que han pasado el filtro de los schnauzers

Después de unos minutos en el congelador —bueno, un par de horas más bien—, la mezcla de sandía y yogur estaba perfecta. Pero he ido probando más cosas estos fines de semana. La manzana (sin corazón ni semillas, ojo) con un chorrito de miel natural también les vuelve locos. Y si tienes caldo de pollo casero (sin sal ni cebolla, por favor), congelarlo en cubitera es el hit del verano para ellos.

Higo, el schnauzer miniatura, saboreando un helado de sandía y yogur natural.

A veces, mientras espero a que se congelen los petlados, me pongo a mirar cursos en Hotmart sobre cuidados básicos. No quiero montar un negocio ni nada, pero me gusta saber qué le estoy dando. Igual que cuando buscaba qué máquina de cortar pelo para perros elegir para no dejarlos como un mapa, con la comida prefiero ir sobre seguro.

Por cierto, no soy veterinaria ni tengo formación en nutrición animal. Todo esto son cosas que pruebo en mi cocina de Sevilla y que veo que a mis perros les sientan bien. Si vuestro perro es de estómago delicado o tiene alguna alergia, preguntad a vuestro veterinario antes de poneros a hacer experimentos con frutas nuevas. Mejor prevenir que curar.

El momento de la verdad en el salón

Saco los segundos petlados, los que ya tenían la textura buena. Siento el frío intenso en mis dedos al desmoldar los corazones de sandía mientras escucho el rítmico 'clac-clac' de las uñas de mis perros sobre el suelo. Ese sonido es la señal de que saben que viene lo bueno. Se sientan los dos en la alfombra (bueno, en el trozo de suelo que no quema) y esperan.

Descubro que Almendra intenta tragárselo entero, la muy bruta, mientras Higo lo saborea con una técnica de lengüetazos casi profesional. Él es más de gourmet, ella es más de ansia pura. Al final, los dos terminan con las barbas un poco pegajosas, pero con una cara de felicidad que compensa el rato de cocina y el desastre del primer día.

Helados caseros en forma de corazón preparados para refrescar a las mascotas.

Refrescarlos no requiere química ni grandes gastos, solo un poco de previsión en el congelador antes de que el sol de la tarde golpee la terraza. Esos diez minutos de preparación el sábado por la mañana me aseguran que, cuando volvamos del paseo de las dos, tengan algo que les baje la temperatura de verdad.

Trucos para no ensuciar demasiado

Si os animáis, un consejo de alguien que ha limpiado mucho yogur del mármol: dádselos en la cocina o en un sitio fácil de limpiar. Al lamerlos, siempre sueltan gotitas. Y si usáis frutas que manchen mucho, como los arándanos, preparaos para ver manchas moradas por toda la casa si no los vigiláis.

Yo suelo aprovechar el rato que están con el helado para revisarles las orejas o ver si tienen algún nudo nuevo. Como están concentrados en el frío, me dejan manipularlos un poco más. Si tenéis un perro de pelo duro, sabéis que cualquier momento de calma es bueno para el mantenimiento básico, como cuando os contaba los trucos para quitar nudos difíciles sin que salgan corriendo.

Almendra descansando en el suelo fresco con su helado casero durante una tarde calurosa.

Al final, estos ratos de sábado son los que me gustan. El salón en silencio, el calor fuera, y los dos barbudos entretenidos con sus helados caseros. Es una forma barata y sana de cuidarlos, y me quita la culpa de no haber podido llevarlos a la playa este fin de semana. Total, ellos con un poco de sandía fría y mi compañía, parece que tienen suficiente.

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