Mi Rincón Peludo

Aquel sábado de marzo con la maquinilla: por qué Higo terminó pareciendo un trasquilón con patas

Aquel sábado de marzo con la maquinilla: por qué Higo terminó pareciendo un trasquilón con patas

Sigo sentada en el suelo del baño con la espalda apoyada en el bidé y Higo mirándome como si le hubiera robado la dignidad. Tengo el zumbido de la máquina todavía en los dedos y el olor a aceite caliente mezclado con champú de manzana flotando en el aire. No es la primera vez que lo intento, pero hoy ha sido de esos días en los que te das cuenta de que el entusiasmo no sustituye a la técnica.

Antes de seguir, una nota rápida: este rincón incluye enlaces de afiliado. Si acabas comprando algún curso o material a través de ellos, me llevo una comisión por la recomendación, pero a ti te cuesta exactamente lo mismo. Solo hablo de lo que pruebo los sábados en este piso de Sevilla, y si algo sale mal, como el corte de hoy, te lo cuento igual.

Venga, que no es tan difícil, me dije esta mañana. Tenía la maquinilla que compré en aquel Black Friday de 2024 cargada y a Higo recién bañado. Había leído sobre cada cuánto tiempo se debe bañar a un schnauzer para evitar nudos y pensaba que con el pelo limpio la máquina pasaría como un cuchillo en mantequilla. Qué va. La realidad de un sábado de junio es que el perro tiene calor, yo tengo prisa y la máquina barata empieza a protestar en cuanto toca la subcapa.

La batalla contra el trasquilón involuntario

Maquinilla de cortar pelo para perros sobre una toalla con restos de pelo de schnauzer.

Higo es un schnauzer miniatura de unos siete kilos, pero cuando se pone tenso parece que pesa una tonelada. He empezado por el lomo, que es la zona de seguridad, pero en un descuido la máquina ha dado un saltito. El resultado es un surco en mitad de su espalda que parece un camino de cabras. He intentado igualar y, como suele pasar, el agujero se ha hecho más grande.

El problema es que no tengo formación veterinaria ni he pisado una academia de peluquería en mi vida. Todo lo que sé lo he aprendido a base de ver a la peluquera del barrio antes de que los precios se pusieran imposibles y de tragarme tutoriales en el sofá. Ese primer trasquilón me ha recordado por qué a veces es mejor parar a tiempo. Si ves que la piel se pone roja o que el perro se queja, lo mejor es dejar la máquina y llamar al veterinario, no sea que le hayamos dado un pellizco sin querer.

Almendra, que ya se conoce el percal, me miraba desde la puerta del baño con una mezcla de alivio por no ser ella y envidia por los premios que le estaba dando a Higo. Ella tiene un pelo mucho más suave, casi de algodón, que se enreda solo con mirarlo. Higo, en cambio, tiene ese pelo duro típico de la raza que, si no sabes manejar la cuchilla, se convierte en una lija que bloquea cualquier máquina doméstica.

El ruido, ese enemigo invisible del sábado

Higo, el schnauzer miniatura, con un trasquilón visible en el lomo tras el corte.

Nadie te explica en los vídeos de YouTube que el ruido de una máquina barata puede sonar como un avión despegando para un perro sensible. Higo no es miedoso, pero cuando la vibración le llega a las orejas, empieza a temblar. He pasado media mañana intentando que se relaje, dándole trocitos de salmón y hablándole bajito, pero la tensión estaba ahí.

He aprendido que con perros ansiosos no puedes pretender terminar el corte en una sesión. Hoy hemos hecho el lomo y un poco de las patas traseras. Lo de la cara lo he dejado para otro momento porque no me veía con pulso para acercarme a sus ojos. Si te interesa el tema, hace poco escribí sobre cómo cortar el pelo de la cara a un schnauzer miniatura en casa sin que termine pareciendo un cuadro de Picasso, aunque hoy no me he atrevido a aplicarlo.

La máquina que uso ahora es mejor que la primera, después de varios fiascos. Si estás en ese punto de no saber qué comprar, te entiendo perfectamente. Yo pasé por tres modelos antes de encontrar uno que no se calentara a los diez minutos. Te dejé mis notas sobre qué máquina de cortar pelo para perros elegir después de varios intentos por si te sirve para no tirar el dinero como hice yo al principio.

Buscando técnica entre nudos y ladridos

Portátil abierto con un curso de peluquería canina online y tijeras de arreglar.

A media mañana, con Higo medio trasquilado y yo llena de pelos hasta en las pestañas, he abierto el portátil. No busco ser profesional, pero me da una rabia tremenda dejar al perro hecho un cromo. He estado ojeando algunos cursos en Hotmart que no te exigen montar un negocio, sino que van al grano para los que estamos en casa con una toalla en el suelo.

Me ha llamado la atención uno que se llama Petlicias Navideñas. Aunque el nombre suene a polvorones, me ha gustado porque se centra mucho en los acabados y en esos detalles que hacen que el perro parezca arreglado y no asaltado. Tiene una parte de cortes y estética que me vendría de perlas para disimular el desastre que le he hecho hoy en el lomo a Higo. A veces, saber usar la tijera de entresacar es la diferencia entre un trasquilón y un 'estilo desenfadado'.

Lo que me gusta de estas formaciones online es que las puedes ver mientras descansas con el perro en el sofá. No pretendo abrir una peluquería en Triana, solo quiero que cuando bajemos al parque la gente no me pregunte si a Higo le ha pasado algo. He visto que también hay cosas más avanzadas como PETlados, pero eso me parece que ya es para cuando tenga más mano y menos miedo a la máquina.

Cuando la costura es la mejor solución al trasquilón

Midiendo a un perro para confeccionar ropa casera y tapar los trasquilones.

Al final, viendo el panorama, he decidido que Higo va a lucir un look 'natural' unas semanas hasta que el pelo crezca. Menos mal que no estamos en pleno invierno, aunque en Sevilla el sol ya aprieta. Para los días que refresque o por si me da mucha vergüenza el surco del lomo, siempre puedo tirar de algún abriguito ligero.

De hecho, el otro día me dio por mirar cómo hacerles yo misma la ropa. Es un vicio esto de las manualidades perrunas. Empecé mirando patrones y ahora tengo en la lista de pendientes un curso de costura de ropa para perros. Me parece el complemento ideal: si el corte de pelo sale regular, le pones una sudadera moderna hecha por ti y aquí no ha pasado nada. Almendra estaría ideal con un chaleco de cuadros, la verdad.

Es curioso cómo un simple sábado de limpieza termina convirtiéndose en todo un despliegue de recursos. Al final, se trata de pasar tiempo con ellos. Higo ya se ha olvidado de la máquina y está ahora mismo roncando a mis pies, ajeno a que tiene un escalón en la espalda que parece un murete. Yo, en cambio, sigo dándole vueltas a cómo mejorar el pulso para la próxima vez.

Lo que me llevo de este fin de semana

Reflexiones desde el sofá con dos barbudos

Higo y Almendra descansando en su cama tras la sesión de peluquería del sábado.

Mañana será otro día y seguramente veré el trasquilón de Higo con más humor. Al final, el pelo crece y a él le da exactamente igual estar simétrico o parecer un mapa de relieves. Lo que importa es que no tiene nudos molestos y que se siente fresco. Yo seguiré probando trucos y anotando qué funciona en este diario improvisado.

Si te estás animando a pelar a tu perro en casa, mi consejo es que no te agobies. Vas a fallar, vas a dejar algún rodete extraño detrás de las orejas y vas a terminar con la casa llena de pelos. Pero ese dinerito que te ahorras se puede invertir en cosas mejores, como unos buenos juguetes o ese curso de Petlicias Navideñas para que el próximo intento sea más profesional y menos 'accidental'.

Venga, que al final esto de la peluquería aficionada tiene su punto. Solo hace falta paciencia, una máquina que no se queme y aceptar que nuestros perros nos van a querer igual aunque los dejemos un poco desiguales. El próximo sábado intentaré arreglarle las patitas a Almendra, a ver si ella tiene más paciencia conmigo que su hermano. ¡Deseadme suerte!

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