
Escribo esto con Higo roncando encima de mis pies y Almendra mirándome de reojo desde su cama. Estamos a finales de junio y el calor en Sevilla ya no perdona, así que me ha tocado sesión de peluquería en el baño.
La verdad es que lo de las patas siempre ha sido mi cruz. Un sábado de marzo, intentando arreglar a Almendra, terminé dejándole un hueco en el corvejón que parecía un error de diseño. Fue el famoso desastre de la 'pata de pollo'.
Recuerdo el momento de silencio absoluto cuando aparté el peine y vi el escalón trasquilado en la pata trasera. Ella ni se inmutó, pero yo me quedé un buen rato pensando en cómo iba a sacarla al parque con ese agujero en el pelo.
El error que todas cometemos al principio

Después de aquel desastre de marzo, me puse a revisar con calma unos videos que tenía guardados de un curso de Hotmart. Me di cuenta de que mi error era de manual: estaba cortando con la tijera en ángulo recto, como si estuviera podando un seto.
El pelo de las patas, sobre todo en perros con pelo duro como el schnauzer miniatura, no cae recto. Tiene un volumen y sigue la curva del músculo. Si cortas en horizontal, cuando el perro se mueve, aparece el trasquilón.
Además, hay que tener en cuenta que estos enanos miden entre 30-35 centímetros, así que cualquier fallo a esa escala se ve a kilómetros. No es como un perro grande donde un centímetro de más ni se nota.
Por qué la máquina es tu mejor amiga (y no las tijeras)
Aquí va mi opinión impopular: olvídate de las tijeras convencionales para dar forma a las patas si no eres profesional. Yo he descubierto que usar una máquina cortapelos de precisión con un peine guía es mucho más seguro y deja un acabado uniforme.
Con la tijera, el pulso te puede jugar una mala pasada si el perro pega un tirón. Con el peine guía, el largo está asegurado. Para no perderme con las medidas, siempre tengo a mano la tabla de números de peine-guía y largo de pelo que dejan que me imprimí hace tiempo.
Yo uso mucho el peine que deja unos 9 o 12 milímetros para las columnas de las patas, dependiendo de si es invierno o verano. Lo paso de arriba abajo, siguiendo el sentido del pelo, y el resultado es una pata que parece una columna limpia, sin escalones.

El truco del peine y el 'sacudido'
A mediados de mayo aprendí el truco que me cambió la vida. Es algo que parece una tontería pero que marca la diferencia entre un perro trasquilado y uno que parece que viene de la peluquería del barrio.
Antes de pasar la máquina o de hacer cualquier retoque, hay que peinar todo el pelo de la pata hacia arriba, a contrapelo. Luego, dejas que el perro sacuda la pata (Higo lo hace en cuanto le sueltas el tobillo).
Lo que queda 'despeinado' después de ese sacudido es lo único que realmente sobra. Si cortas solo esas puntas que sobresalen después de que el perro se haya movido de forma natural, te aseguras de que el corte aguante su ritmo diario sin que aparezcan picos extraños.
Las almohadillas: seguridad y limpieza

Otro punto crítico son los espacios entre las almohadillas. Cada pata tiene 4 almohadillas digitales y ahí en medio se monta un ecosistema de humedad, barro y nudos que no veas. Si no se recorta, el perro resbala en el suelo de casa y puede pillar una dermatitis.
Aquí es donde uso la cuchilla número 10, que deja el pelo a 1.5 milímetros. Es una longitud técnica estándar que va genial para limpiar esa zona sin irritar la piel. Pero ojo, que yo no soy veterinaria ni profesional, esto es lo que a mí me funciona por puro ensayo y error los sábados por la mañana.
Si veis que al quitar el pelo de las almohadillas hay rojeces o el perro se lame mucho, no inventéis con cremas y consultad a vuestro veterinario. Yo aprovecho este momento también para ver si necesitan un repaso de garras, siguiendo los pasos de cómo cortar las uñas a un perro inquieto.
La prueba de fuego con Higo
Hace un par de semanas le tocó el turno a Higo. Él es más tranquilo que Almendra, pero tiene el pelo mucho más denso. Aplicando la técnica de las tijeras curvas para los pies (redondeando como si fuera una bota de gato) y apoyando mi mano firme en su articulación para darle estabilidad, logré un acabado del que estoy orgullosa.
Sentía el cosquilleo de los pelos cortos y duros quedándose pegados a mis brazos sudados por el calor de junio aquí en Sevilla. Es un engorro, pero verle las patas tan simétricas y limpias me compensa las dos horas de limpieza de baño posterior.
Antes de meterle la máquina, eso sí, los baño bien para que el pelo esté suelto y no haya nudos que traben la cuchilla. Ya os conté hace tiempo cada cuánto tiempo se debe bañar a un schnauzer para que estas sesiones no sean una tortura para ellos.

Paciencia y estabilidad
Durante las últimas sesiones de junio me he dado cuenta de que la clave no es solo la herramienta, sino cómo sujetas al perro. Yo me siento en el suelo con ellos. Si intento hacerlo en una mesa alta, se ponen nerviosos y yo también.
Para las patas traseras, intento no levantarles la pierna hacia atrás como si fueran caballos, porque les molesta el corvejón. Es mejor levantarla hacia adelante, de forma natural, o simplemente trabajar con la pata apoyada en el suelo mientras yo me contorsiono un poco.
Al final, no busco la perfección de una exposición canina de la FCI ni mucho menos. Solo quiero que mis perros estén cómodos, que no traigan media calle pegada en el pelo de las patas y que, cuando los mire, no vea esos trasquilones que me hacían sentir culpable.
Resumen de mis 'imprescindibles' de sábado
- Máquina con peine guía para las columnas (más seguro que tijera plana).
- Tijeras de punta roma para los pelitos que sobran entre los dedos.
- Peinar hacia arriba y dejar que sacudan para ver el volumen real.
- Mucha paciencia y algún que otro premio rico para que se queden quietos.

Si estáis empezando, no os agobiéis por un trasquilón. El pelo crece. Lo importante es que ellos estén tranquilos. Yo empecé con desastres que daban para meme y ahora, un año después, ya le voy pillando el truco a esto de las 'patas de columna'.