Mi Rincón Peludo

Cómo preparar premios para perros para regalar a otras mascotas

Cómo preparar premios para perros para regalar a otras mascotas

Sábado por la mañana en Sevilla y tengo la cocina que parece una sucursal de una repostería canina fina. Higo y Almendra están sentados en el pasillo, inmóviles, vigilando cada movimiento que hago con el rodillo. Me he propuesto que este año los regalos para los perros del bloque no sean un desastre de última hora.

Antes de meterme en harina, un apunte: este rincón tiene enlaces de afiliado. Si compras algún curso o material a través de ellos, me llevo una comisión y a ti te cuesta lo mismo. Solo hablo de lo que pruebo los sábados en mi piso; si algo no funciona, lo digo igual. No soy veterinaria ni profesional, solo una dueña que prefiere mancharse las manos antes que pagar fortunas.

El trauma del reno y por qué me pasé a los premios

No puedo evitar acordarme de la semana antes de Nochebuena del año pasado. Intenté disfrazar a Higo de reno para la foto familiar y el pobre duró con los cuernos puestos lo que tardó en llegar al sofá. Se frotó contra los cojines con tal saña que acabó pareciendo un peluche atropellado. Aquella foto en el chat familiar todavía genera risas.

Este año he decidido que la dignidad de mis Schnauzer miniatura está a salvo. Nada de ropa que les pique o les incomode. He pensado que el mejor regalo para los vecinos perrunos es algo que se puedan comer, pero hecho con cabeza. Higo y Almendra pesan unos 7 kg cada uno, y sé lo delicados que pueden ser del estómago, así que no vale cualquier receta de internet.

Me di cuenta de que si quería regalar algo que no terminara en la basura, tenía que ser algo visualmente bonito pero nutricionalmente seguro. Al final, un regalo entra por los ojos del dueño, pero tiene que sentarle bien al perro. Es un equilibrio complicado cuando no tienes formación de chef ni de auxiliar de veterinaria.

Primer plano de galletas caseras para perro en forma de hueso junto a rodajas de manzana.

Buscando el método: Petlicias Navideñas

Hace unos meses, mientras buscaba cómo arreglarle el faldón a Almendra, me topé en Hotmart con un curso corto que me llamó la atención. Se llama Petlicias Navideñas. Lo que me convenció fue que tenía una calificación de 5.0 y que no pretendía que montara un negocio, solo que aprendiera a hacer cosas monas en casa.

Me lo puse en la tablet una tarde lluviosa de enero, cuando ya habían pasado las fiestas, pero me sirvió para anotar ideas para este año. Lo que más me gusta es el enfoque en los detalles. Yo, que todavía dejo a Almendra con la oreja izquierda tres milímetros más corta que la derecha, necesito algo que compense mis carencias estéticas con la tijera.

Pienso que si logro que estos premios salgan rectos y con formas bonitas, quizás la gente deje de notar mis trasquilones en el pelo de las patas. Es mi forma de redimirme. Además, el curso explica muy bien cómo usar ingredientes naturales sin complicarse la vida con harinas extrañas o procesos de horas.

La cocina se llena de aroma a Navidad

Hoy me he puesto con una mezcla de canela y manzana asada. El aroma está inundando mi cocina de Sevilla y los dos barbudos montan guardia frente a la puerta del horno como si les fuera la vida en ello. Es una de esas mañanas de sábado en las que me siento realizada, aunque tenga harina hasta en las cejas.

He probado a hacer unos huesos decorados. La primera vez que intenté hacer galletas de calabaza, hace tiempo, las dejé tanto tiempo en el horno que Higo las usó como juguete para morder en lugar de comerlas. Estaban tan duras que rebotaban en el suelo. Lección aprendida: el tiempo de horneado es sagrado.

Para que los regalos aguanten bien en las bolsitas de los vecinos, la clave es el secado. He aprendido que poner el horno a unos 70 grados para deshidratar los premios al final es lo que marca la diferencia. Así no se ponen mohosos y mantienen ese crujido que tanto les gusta a los perros pequeños.

Bandeja de horno con premios para perros en forma de estrella recién horneados.

El reto de las alergias alimentarias

Aquí es donde me pongo seria. En mi bloque hay un bulldog francés que es alérgico a media tabla periódica. Las recetas genéricas que ves por ahí suelen llevar pollo o cereales que a muchos perros les sientan fatal. Los Schnauzers, por ejemplo, tienen cierta predisposición a la pancreatitis, así que los premios tienen que ser bajísimos en grasa.

Cuando preparas algo para regalar, tienes que preguntar siempre. Yo he optado por una base de harina de avena y puré de manzana natural, sin nada de xilitol (que es veneno para ellos) ni azúcares añadidos. Si tienes dudas, lo mejor es que le digas a tu vecino exactamente qué lleva cada galleta para que lo consulte con su veterinario.

Si te animas a probar otras cosas, como la costura, te recomiendo mirar cómo hacer patrones de ropa para perros pequeños de forma sencilla, pero para comer, mejor no innovar demasiado con ingredientes raros. La seguridad va antes que la foto de Instagram, siempre.

El momento de la verdad: la presentación

Una vez que los premios están fríos y crujientes (y después de que Higo y Almendra hayan hecho el control de calidad preceptivo), viene lo divertido. He comprado unas bolsitas de papel kraft y unas pegatinas sencillas. No hace falta volverse loca, pero un detalle bien presentado dice mucho del cariño que le pones.

Mi vecina del tercero me preguntó el otro día de qué pastelería gourmet saqué los huesos decorados que le di por su cumpleaños. No se creía que los hice con un curso online en mis ratos libres. Me hizo gracia porque ella sabe que soy la de los perros trasquilados, pero se ve que en la cocina tengo mejor mano que con la maquinilla.

Al final, regalar algo hecho por ti tiene ese punto especial. Si te gusta el tema y quieres ir un paso más allá para el verano, también existen cursos como PETlados para hacer helados, pero para Navidad, las galletas horneadas son lo que mejor se transporta y se conserva.

Bolsitas de regalo de papel kraft preparadas para regalar a perros vecinos.

Consejos prácticos para que no mueras en el intento

Si es la primera vez que te pones a hornear para perros, no hagas tandas enormes. Empieza poco a poco. Yo suelo aprovechar cuando tengo que limpiar las herramientas de peluquería. Mientras se secan las cuchillas, como explico en cómo limpiar las máquinas de cortar pelo de perros tras el uso, me pongo con la masa.

Para los que somos aficionados, lo importante es disfrutar del proceso. Ver a Higo y Almendra emocionados cada vez que abro el bote de los premios caseros vale más que cualquier suscripción cara a una tienda de mascotas. Y si además puedes quedar bien con los vecinos, pues mejor que mejor.

Schnauzer miniatura posando junto a un tarro de cristal lleno de galletas caseras.

Cerrando el sábado entre harinas y pelos

Ya está anocheciendo en Sevilla y tengo las bolsas listas. Higo se ha quedado dormido sobre mis pies y Almendra sigue mirando el horno por si quedara algo olvidado. Al final, este rincón de mis sábados se ha convertido en mi terapia personal para desconectar del marketing y las métricas de la editorial.

Si te apetece probar a hacer algo especial estas fiestas, echa un ojo a Petlicias Navideñas. No te va a convertir en veterinaria ni en repostera profesional, pero te aseguro que te lo vas a pasar genial y tus perros (y los de tus vecinos) te lo van a agradecer con muchos lametones.

Por cierto, si prefieres los trabajos manuales que no manchan la cocina, siempre puedes intentar algo de Costura de ropa para Perros. Yo lo intenté una vez y, aunque no soy ninguna experta, es entretenido para las tardes de invierno. Lo importante es que este año el chat familiar se llene de elogios por los premios y no de risas por mis desastres de peluquería. ¡Venga, a disfrutar de los barbudos!

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