
Una tarde calurosa en Sevilla, de esas que ya anuncian el verano antes de tiempo, el golpeteo rÃtmico de las orejas de Higo contra el suelo me avisó de que algo no iba bien. No era el tÃpico sacudidón de después de dormir; era una molestia constante, un rascado frenético que me hizo darme cuenta de que su 'bosque interno' ya no podÃa esperar más. Sus orejas de schnauzer, que por fuera parecen dos trozos de terciopelo, escondÃan una selva de pelo grisáceo que bloqueaba cualquier entrada de aire.
Reconozco que me entró el miedo inicial a tocar una zona tan sensible. TodavÃa tenÃa grabado a fuego el recuerdo de mi primer intento fallido a finales del año pasado, donde solo logré que Almendra se escondiera bajo el sofá durante tres horas. Por aquel entonces, yo no sabÃa nada de ángulos ni de texturas; solo veÃa pelo y pensaba que habÃa que sacarlo como fuera. Error de principiante que casi me cuesta la confianza de mis perros.
El laberinto invisible: por qué se acumula tanta cera
Lo primero que aprendÃ, trasteando en el ordenador entre cierre y cierre en la editorial, es que la anatomÃa canina no nos lo pone fácil. Los perros tienen un canal auditivo con un ángulo de 90 grados, una especie de forma de 'L' que es una trampa perfecta para la humedad. Si a eso le sumas que razas como las mÃas no mudan el pelo de dentro del oÃdo, tienes el cóctel perfecto para una otitis de las que dan miedo.
Ese pelo no se cae solo. Sigue creciendo y creciendo, enredándose con el cerumen y creando un tapón que impide que el oÃdo respire. Un sábado por la mañana el pasado febrero, después de ver a Higo quejarse un poco, me senté en el suelo del baño con una luz potente y lo vi claro: si no despejaba ese canal, el aire no llegarÃa nunca al fondo de esa 'L'.

El descubrimiento de los polvos de agarre
Mi gran cambio llegó con los polvos de agarre. Antes de eso, intentar sujetar esos pelos finos y grasientos con los dedos era como intentar pescar una anguila con las manos llenas de aceite. Fue un descubrimiento total. Estos polvos no solo secan la humedad que suele haber ahà dentro, sino que le dan al pelo una textura harinosa que permite sujetarlo con firmeza sin tener que apretar la piel del animal.
TodavÃa recuerdo el olor a eucalipto del limpiador mezclado con el tacto harinoso de los polvos blancos en mis dedos tras la sesión de aquel sábado. Es una sensación extraña, pero te da una seguridad que no tienes de otra forma. Al aplicar un poco de polvo, esos pelos rebeldes que antes se escurrÃan de las pinzas o de las yemas de mis dedos, de repente se quedaban quietos, listos para ser retirados de forma selectiva.
¿Arrancar o recortar? Un debate necesario
Aquà es donde entra mi pequeña 'teorÃa de sofá'. He leÃdo en varios sitios que hay que arrancar todo el pelo de raÃz para que el oÃdo esté limpio, pero mi experiencia con Higo me dice otra cosa. A mediados de abril, cuando empezó el calor fuerte en Sevilla, me di cuenta de que si le arrancaba absolutamente todo de golpe, la piel se le ponÃa roja y muy sensible durante dÃas.
He llegado a la conclusión de que arrancar el pelo interno de forma sistemática y agresiva puede causar una inflamación crónica en lugar de prevenir infecciones. A veces, si el perro tiene mucha densidad, prefiero mantenerlo recortado y aireado con unas tijeras de punta redonda muy pequeñas, retirando de raÃz solo lo que realmente obstruye la entrada del canal. No soy veterinaria, vaya por delante, pero observar cómo reaccionan ellos es lo que mejor me ha funcionado.

El paso a paso que sigo los sábados
Tras un par de semanas de práctica, establecà una rutina que ya no nos lleva más de quince minutos por perro. Lo primero es el ambiente. Me pongo en el suelo, con una toalla vieja, y dejo que ellos se acerquen. Si veo que están muy nerviosos, lo dejamos para otro momento. No hay nada peor que trabajar con un perro que siente que va al matadero.
- Aplico los polvos de oÃdo con cuidado, sin saturar, solo para que el pelo se vuelva 'agarrable'.
- Con los dedos (o una pinza tipo mosquito si el pelo está muy profundo), retiro pequeñas cantidades de pelo. Pequeñas de verdad.
- Si el pelo está muy duro o el perro se queja, uso la tijera de punta roma para despejar la entrada sin dar tirones.
- Una vez despejado, uso el limpiador ótico.
Es importante que el limpiador tenga un pH tÃpico de 7.0, que es neutro y no irrita. Echo un par de gotas, masajeo la base de la oreja (ese sonido de 'chof-chof' es la señal de que está entrando bien) y dejo que ellos mismos se sacudan. Ese sacudidón es fundamental para que la suciedad salga hacia fuera.
Momentos de aprendizaje y algún que otro grito
No todo ha sido perfecto. Guardo con mucha pena la mirada de traición de Higo cuando, por nervios y querer acabar rápido, tiré de un mechón demasiado grande y dio un pequeño grito. Se me rompió el alma. Desde ese dÃa, prefiero tardar el doble pero ir de tres en tres pelos. Aprendà que la paciencia es más importante que la técnica en esto de la peluquerÃa casera.
Ese incidente me enseñó a medir la presión justa. Ahora, una tarde de finales de mayo, Almendra se queda casi dormida mientras le reviso las orejas. Es el punto de inflexión donde te das cuenta de que ya no es una pelea, sino un hábito de cuidado más, como cuando aprendà a cortar el pelo de la cara a un schnauzer miniatura en casa para que no parecieran dos mofetas.

La importancia de la limpieza final
Después de que se sacudan el exceso de lÃquido, uso una gasa limpia para retirar lo que ha subido a la superficie. Nunca, bajo ningún concepto, uso bastoncillos de algodón. Con ese ángulo de 90 grados que tienen en el canal, lo único que harÃa el bastoncillo serÃa empujar la mugre hacia el fondo, creando un tapón mucho peor que el pelo original.
Si veo que la gasa sale muy negra o con un olor demasiado fuerte, dejo de limpiar y pido cita con su veterinario. Yo solo me encargo del mantenimiento estético y de higiene básica; si hay una infección real, mis manos de aficionada no pueden hacer nada. No tengo formación veterinaria y no quiero jugar a ser lo que no soy, por mucho que me guste ahorrarme unos euros haciéndolo yo misma.
Reflexiones de sofá con dos perros limpios
Al final, este rincón es para eso: para acordarme de que el sábado pasado el limpiador de eucalipto funcionó mejor que el de lavanda, o de que Higo prefiere que le limpie las orejas mientras le rasco la barriga con la otra mano. No pertenezco a ninguna asociación del sector ni busco montar un negocio, solo quiero que mis bichos estén cómodos.
A veces me complico la vida con nudos imposibles, pero he ido encontrando trucos para quitar nudos difÃciles en perros de pelo duro sin tirones que me sirven también para las zonas cercanas a las orejas, donde el pelo se enreda con el propio movimiento de la cabeza.

Ver a mis schnauzers sin picores, durmiendo tranquilos sin sacudir la cabeza cada cinco minutos, es la mejor recompensa de mis mañanas de sábado. Puede que mis cortes de pelo sigan teniendo algún que otro trasquilón, pero sus oÃdos están aireados, limpios y sanos. Y eso, para una coordinadora de marketing que solo busca que sus perros vivan como reyes, es más que suficiente.